Ser pilo ¿paga?

Por: Leonardo Rojas Benavides

 

El año pasado, el gobierno nacional inauguró el programa “Ser Pilo Paga”, un programa de Créditos-Beca que se le da a diez mil estudiantes de bajos recursos y con resultados sobresalientes en el examen Saber-11. El programa les garantiza el dinero para estudiar en la universidad que deseen, la carrera que elijan, además de algunos recursos para sostenimiento. Recíprocamente, los estudiantes que no logren graduarse tendrán que reponerle al estado este dinero. Existen posiciones a favor y en contra de este programa. En este artículo mencionaremos algunos de los argumentos qué más se esgrimen desde cada posición.

 

Argumentos a favor:

 

Promueve la movilidad social: Darle oportunidad a jóvenes de bajos recursos de estudiar cualquier carrera en cualquier universidad del país les permitirá obtener mejores ingresos.

 

El sistema de créditos desestimula la deserción: Si bien esto es algo que aún está por ser comprobado, algunos de quienes se manifiestan a favor del sistema de créditos afirman que, dado que los participantes del programa tendrían que pagar la deuda si no se gradúan, será más difícil que decidan abandonar la carrera en la cual se inscribieron.

 

Genera mayor diversidad e inclusión en las universidades privadas: El 85% de los becados por “Ser pilo paga” eligió universidades privadas. Dado que una de las mayores restricciones percibidas para entrar a estas universidades es el factor económico, existirá en ellas una mayor diversidad en los estudiantes. Si bien en un principio se denunciarion algunas señales de discriminación en algunas universidades (ver el vínculo: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/comentarios-contra-becados-del-gobierno/15208116), también hubo en ellas grupos de personas que defendieron a los nuevos integrantes de su comunidad.

 

Argumentos en contra:

 

El dinero podría estar mejor invertido: Los críticos del programa señalan, en primer lugar, que el programa cobija una población bastante pequeña, a comparación del total de jóvenes que buscan acceder a la educación superior. Dicen también que este dinero debería destinarse a las instituciones públicas de educación superior, para que tengan una cobertura más amplia. De acuerdo con Nicolás Torres y Ana Margarita González (ver en el vínculo: http://lasillavacia.com/elblogueo/blog/blog-los-defensores-de-ser-pilo-paga-49489) , el dinero destinado al programa equivale al 6% del total de dinero destinado a la educación pública, y sólo cobija un equivalente al 0.4% de la población matriculada en instituciones de educación superior de carácter público. Según este punto de vista, este dinero debería ser invertido en el desarrollo de una política pública integral que ayude a incrementar cobertura y calidad.

 

La responsabilidad del éxito se asigna exclusivamente al estudiante: En Colombia, las tasas de deserción en educación superior son en promedio del 50%, es decir que la mitad de los estudiantes que entran a una carrera de educación superior no la terminan. Si bien esta cifra se reduce al 37% en el caso de estudiantes con puntuaciones superiores en el Saber 11, sigue siendo alarmantemente alta. En especial tomando en cuenta que esa deserción puede acarrearle niveles de deuda impagables a un joven de estratos uno o dos, y que la deserción también aumenta cuando las personas tienen menores recursos económicos. Con tasas de deserción tan altas y sin programas de apoyo por parte del estado más allá de lo económico, estos jóvenes dependerán de los programas de bienestar de sus universidades para sostenerse. En estos casos se asume que la deserción obedece exclusivamente a causas relacionadas con el estudiante, ignorando factores económicos, académicos e interpersonales que pueden dificultar el sostenimiento del estudiante, y que pueden, en parte, ser responsabilidad del estado o de la universidad misma. De acuerdo con quienes plantean este argumento, para un programa piloto, sin un enfoque de bienestar fuerte, y semestres cuyo costo puede alcanzar los 10 millones de pesos, “Ser pilo paga” podría terminar con deudas incosteables para los estudiantes y en un detrimento del patrimonio de la nación.

 

El programa está enfocado en la educación “para la productividad”: De acuerdo con algunos autores, el enfoque del programa descarta una educación “para la ciudadanía”, que esté abierta a todos. Por el contrario, dicen, el programa promueve una educación excluyente, que se da sólo a los excepcionales; quienes, en teoría, aprovecharían mejor los recursos invertidos.

 

Conclusiones

 

Existen diversas formas de ver el programa. Dependiendo de estas perspectivas, para algunos expertos este programa es bueno y para otros hay mejores opciones. Las principales críticas se enfocan en el modelo de crédito-beca, y en la pertinencia de esa inversión. De todas maneras, también es cierto que se le da oportunidad a muchos jóvenes que de otro modo difícilmente la conseguirían. De momento, hace falta ver el impacto en los resultados de estos estudiantes para conocer realmente la efectividad que puede tener el programa. Esto implica hacer seguimiento a factores como la deserción, el matoneo, y el desempeño académico de estos jóvenes beneficiados.

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